viernes 28 de agosto de 2009

En las montañas de la locura, de Lovecraft

Me parece curioso y muy interesante el tópos de la imposibilidad del lenguaje para la explicación de una visión terrorífica, que se escapa de cualquier costumbre vital y sensorial, que se repite constantemente en las novelas de terror. Tanto en Poe como en Lovecraft, ya que últimamente estoy metida en estos autores, veo constantemente el testimonio de un personaje que ha presenciado el terror delante pero, cuando se decide a plasmarlo en un papel, el lenguaje se queda corto, la realidad se escapa de toda descripción. El papel de testimonio que pretendía ser este personaje, la intención de ser el portador de la verdad, ha quedado inutilizado por esta imposibilidad del lenguaje para acercarse a la realidad, a la vida. Aún así, al afirmar esta sentencia de muerte de las letras no puedo dejar de alimentarme de este mundo ficcional y maravilloso como es la literatura y el arte: acabo concluyendo que todo lo que me envuelve es ficción y lo único real (el lenguaje) escapa a toda ficción porque ésta es la única vía posible para el verdadero viaje de la mente.

Dante, en La Divina Comedia, alude constantemente a su incapacidad de explicar qué es o cómo es el Infierno, ese mundo de miserables almas en pena: ésta resulta ser la forma más efectiva para expresar el gran terror del mundo: la no-descripción. Cuando algo no puede ser explicado no es que no exista, si no que existe en tal magnitud que nada lo alcanza, ni tan siquiera el lenguaje, nuestra única vía de conocimiento del mundo. Cuando un hecho o una visión es inexplicable a través de las palabras sólo quedan los sentidos para que esta visión quede estampada más allá de su realidad, quede estampada en el recuerdo de los seres. En La Divina Comedia es constante esta alusión a “primero lo vi”, “primero lo toqué”, “primero lo sentí”, luego tal vez fui capaz de transcribirlo en palabras.

Así, en En las montañas de la locura de Lovecraft, se explica el transcurso de una expedición inocente a la Antártida y cómo ésta termina (aún no lo sé porque no me he acabado el libro) en un espectáculo dantesco, algo más allá de lo que cualquier estudioso de la ciencia como son los personajes de esta novela pueda explicar. La ciencia es incapaz de dar respuesta a la realidad, sólo la ficción da respuesta a la vida.

lunes 24 de agosto de 2009

El pesa-nervios de Antonin Artaud

Si uno pudiera probar solamente su nada, si uno pudiera reposar en su nada y que esa nada no fuera una cierta forma de ser, pero tampoco la muerte total.
Es tan duro dejar de existir, dejar de estar dentro de algo. El verdadero dolor es sentir cómo se desplaza nuestro pensamiento en uno mismo. Pero el pensamiento como un punto no es seguramente un sufrimiento.
Estoy en el instante en que no me aferro más a la vida, pero llevo conmigo todos los apetitos y las insistentes titilaciones del ser. No tengo más que una ocupación: volverme a hacer.